viernes, 7 de agosto de 2009

El Circo


El circo de mi vida siempre tiene funciones abiertas al público... Bueno, no siempre, pero generalmente es asi.

Pero ayer fui al circo. Un circo de verdad, y casualmente fue el mismo circo al que habia ido hace como ocho años atrás en Barcelona; el mismo que se convirtió en mi primer circo de adulta, pues solo tengo vagos recuerdos circenses de mi infancia.

Casualmente fue el circo de Los Valentinos (no es que me gusten ellos precisamente, pero bueh...) aún sin función abierta, salvo la que yo protagonicé con mi despiste involuntario (para variar).

De entrada, metí la pata confundiendo a Renato con Valentino: por Dios, uno tiene el cabello largo y el otro corto!!

En fin. Comenzó la entrevista y todo normal, hasta que llegó la sesión de fotos. El pobre hombre hizo gala de su tolerancia con los periodistas y fotografos, además del agotador calor de las tardes maracuchas y una función a punto de comenzar.

Seguimos detrás de la carpa, vamos al camerino (con más calor) y a la niña, osea yo, no se le ocurre otra cosa que comenzar a hacer fotos. Sigue el calor y la ostinación, y de paso, Valentino, llegó posó y se volvió a ir y nunca lo pude entrevistar.


No nos han ofrecido ni agua, y eso nos pasa por paracaidistas.

Volvemos, Renato y yo, a la carpa y odiosamente suena su voz y la de su hermano cantando canciones de Popy (no se qué es peor, si ellos o Popy). Las carpas sin gente, sin show, son mágicas para mi. No se porqué. Gerardo diría "tal vez porque la mejor protagonista es Soledad", y creo que tiene razón. Soledad, acompañada por Imaginación.

Renato camina como si yo ni existiera, y yo en Marte más o menos porque el cielo estrellado del interior de la carpa me sacó de Maracaibo por unos minutos, hasta que llegamos a la entrada principal y él, muy decentemente se voltea, me extiende la mano y se despide. ¿Yo? Muda, me agarró fuera de base el tipo.

En ese momento comenzaron a entrar los niños con sus padres a esperar que comenzara la función. El primero, un gordito de unos ocho años, casi corriendo y con su mega bolsa de cotufas en la mano y jadeando por el esfuerzo, era el más apresurado por entrar para agarrar la mejor ubicación. Me reí para mi sola, tan solo de verle la cara.

Mis compañeros salen desde el telón rojo vino con estrellas brillantes, justo por donde unos minutos atrás salí como la estrella que soy, humildemente hablando. Nos vamos; no me acerqué a los tigres, pese a que los adoro, pero me regalarán sus fotos.

Mi función del día, fue un éxito... Por lo menos para mi lo fue.

¡¡¡¡APLAUSOS!!!!

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