
El salón se iluminó con la tenue luz que el fuego ofreció a las mustias paredes color marfil...
El techo, alto decorado con arabescos en tonos de mar, se le antojó inalcanzable como el cielo... Las velas, lejanas estrellas que encendían su alma.
Por la ventana no entraba nada más que el seco viento nocturno. Se apresuró a cubrirse los brazos ante un tenue frío que le recorrió la piel... La soledad no siempre es buena compañía y menos en una noche fría.
Las cuatro llamas que iluminaban la estancia bailaron al unísono cuando un soplo de brisa las tocó, pero permanecieron incólumes y más vivas que nunca. Las flotantes cortinas apenas llegaban a cubrir las amplias ventanas, en las que el sol luchaba aún por iluminarlo todo con sus últimos rayos.

En las afueras, los cánticos parecían adormecidos, superados a ratos por el murmullo del mar que la acunaba. Voces que elevaban plegarias llegaban a su vida, traídas a ratos por el viento, mientras la luz amarillenta le hacía compañía.
Hojas de papel antiguo eran testigo fiel de su vida, aquella que sólo podía vivir por pequeñas temporadas, cuando su alma se encontraba con la de él... Tinta que escribía con trazos firmes la historia que ya estaba escrita para ellos...
Letras que tejían abrigos tibios que protegían contra el tenaz frío...
Una pluma gastada escribe sobre la altitud del cielo cuando no le tiene cerca para entregarle la luna... Escribe sobre el hambre de la piel cuando no se alimenta de su manjar... Escribe sobre la sed asesina cuando no tiene el agua cerca... Sólo escribe...
Y el techo se le antoja lejano, y las velas se le convierten en estrellas que la iluminan.
La seda de las cortinas bailan al compás de la brisa... la misma danza que amenaza con quitar la luz de la habitación... el oro y la arena se mezclan en un solo color... Las palmeras, cómplices del viento crean la música más bella.

La sepia henna se muestra reciente, adornando con arabescos sus manos; luciendo sueños ancestrales en su piel, invitando a brazo extendido, al encuentro furtivo. La espalda espera ansiosa los surcos arados por la punta de sus dedos y el encierro voluntario logrado en un abrazo.

Y en un juego de brisas, gasas, sedas y miradas… de besos, lámparas y llamaradas, la risa de dos se abre paso encendiendo el calor…
Las manos se encuentran en una, los brazos se vuelven sólo dos; Y pasa el tiempo ganado, sin temor ni prisa, aguardando la mirada y el fuego que les colme… Hurgando las señas del tiempo nuevo y las luces de la lejanía.... en abrazos colmados, sin temor a no mirar, recibiendo la más radiante luna y el sentir más apegado... porque hoy no hay nadie más entre velas... solo ellos dos...
...Escribiendo una vida a cuatro manos
2 comentarios:
Amiga, una vez más tu majestad y calidad para escribir la vida misma me dejan... sin palabras, sin letras, pero con las más inmensas ganas de desearte la mayor felicidad del mundo, esos momentos que ciertamente son los únicos cuando encontramos la felicidad... cuando estamos tranquilos, con las personas indicadas en el mejor momento.
jajaja yo quiero mi torcuato jajaja...
Nuevo año, nuevo blog y nuevo escrito que me gustó, jejejejej...hasta me dieron ganas de bailar con moneditas en las caderas y fumarme una pipa de esas extrañas, pero me conformo con un shawarma, jijijijijiji. Pues amiga le deseo todo el éxito, lo mejor, es lo que merece. Qué más que ya no sepais?
Un besote y feliz semana...Manikita.
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